Entre peor me siento, mas me escondo. He hecho algunos intentos de escribir una nueva entrada para el blog y nada me gusta. “Pretendo” estar bien no para engañar a nadie sino porque en realidad no podía enfrentar mis sentimientos. He estado como ausente, la salud de mis papás es muy delicada y tengo pánico a perderlos. Entiendo que han estado en este mundo por más de 86 años y su tiempo de partir está cerca.  Lo entiendo, pero eso no lo hace más sencillo. Estoy aprendiendo a aceptar donde estoy. Aprendiendo a no intentar sentirme mejor, aprendiendo a estar con el dolor y aceptarlo como una parte real de mi ser, tan real como el resto de mi. Es lo que es. Tengo momentos, no es que tenga pánico las 24 hrs del día. Son más bien momentos que me encuentran desprevenida. Como estar hablando con alguien en la oficina y de repente una ola de pánico me sube por el cuerpo. Algunas veces puedo respirar y enfocarme en la respiración, mientras que otras veces me tengo que mover y esconderme en algún lugar preferentemente con suficiente tiempo para meditar un poquito. En la mayoría de los casos meditar me ayuda a tranquilizarme, algunas otras veces pareciera que no puedo concentrarme. Mientras que otras veces simplemente uso mi fuerza de voluntad con la esperanza de no hacer algo que no tenga remedio, que nadie se de cuenta. Me recuerdo que sé algo muy importante … nada es eterno, todo es temporal, todo pasa y cambia. Algunas veces el recordar lo efímero de la vida es suficiente para ayudarme a pasar el dia. Mientras que otras veces siento que la pena me va a tragar completa sin nada que hacer, sé que eso no va a suceder, la pena no va a matarme. Todavía estoy intentando aceptar este sentimiento, intentando tenerlo junto a mi y no dentro de mi.  Intentando hacer las paces con la pérdida de quienes fueron mis padres. Y aceptarlos por quienes son hoy, sin temor del futuro. Algunas veces eso funciona …nada es para siempre … ni siquiera este sentimiento!