Últimamente he dejado ir mucho dolor y resentimiento. No fué hasta que comencé este proceso que entendí toda la angustia que me causaba el guardar esos sentimientos. Cuánto dolor he cargado en mi vida por los últimos 30 años. El remover capas de angustia, dolor, frustración y resentimiento ha hecho mi vida más plácida, más placentera. No es que me haya convertido en un ser divino y sin problemas, me enojo y de repente hasta grito. Sin embargo sucede menos cada vez. Lo más importante es que entre mas pasa el tiempo me enamoro mas de la vida y en particular de mi vida.

Cuando entendí y acepté que yo he tomado mis propias decisiones, cuando abrí los ojos al sufrimiento de las personas que amo en lugar de ver lo que creo que me hacen. Reconocí que lo que yo considero bueno o correcto no necesariamente lo es para alguien más. Todos tenemos diferentes vidas, todos tenemos diferentes puntos de vista, todos estamos en diferentes lugares y diferentes tiempos. Bueno, malo, correcto o incorrecto todo es cuestión de perspectiva. Cuando quise perdonar lo que consideraba imperdonable tuve que cambiar mi perspectiva a la de ese tiempo y ese lugar … Sé cual fué el daño causado, pero además de ver mi sufrimiento puedo ver el sufrimiento de la gente alrededor mío, eso suavizó mi actitud.

Finalmente entendí que para poder perdonar a alguien mas necesitaba comenzar con perdonarme a mí misma. Cuando acepté que no soy perfecta, cuando pude verme emocionalmente al descubierto y pude cambiar mi perspectiva de: que estoy haciendo mal a todo lo positivo que ofrezco. Al principio todo lo que yo quería era paz. Ahora, quiero amor, felicidad, aventura.

El perdonarme a mí misma ha sido un trabajo de toda una vida y todos los días me recuerdo que amarme es menos trabajo que odiarme. Todavía estoy trabajando en llegar a un lugar de paz y amor. Para mi es un camino que vale la pena recorrer.