Mi mamá fue diagnosticada con Parkinsons hace unos 20 años. Estábamos tan preocupados por su enfermedad que se nos olvidó quererla, simplemente quererla. Estar presente con ella y no solo cuidarla. Desde el año pasado he estado tan preocupada por la hemorragia cerebral de mi papá que no he estado presente con esa hermosa mujer. Esa mujer a quien he tardado toda una vida en entender, en ver completamente. Siempre la recuerdo seria, fuerte, siempre ahí, siempre lista para lo que se necesitara. Su temperamento, su seriedad, siempre empujándome a ser mejor nada era lo suficientemente bueno. Todas esa reglas de lo que una dama debe y no debe de hacer. Su manera de preocuparse por quien más necesitaba, muchas veces sentí que era injusto todos la necesitábamos. Había tantas cosas obstruyendo mi mente y mi corazón que no apreciaba lo increíblemente especial que es mi madre. Recuerdo mi casa llena de gente, por supuesto nosotros éramos 7 hermanos, más que suficientes! Pero siempre había amigos en la casa. Yo no la recuerdo quejándose por tener que darle de comer a uno, dos o tres de nuestros amigos bastante seguido, algunas veces diario. Mi mamá siempre fué linda con mis amigos quienes la recuerdan con mucho amor. Algunos de ellos recuerdan algo especial que mamá hizo por ellos como irlos a buscar a la escuela si se sentían mal porque sus papás, ambos, trabajan y no podían ir, o prepararles su comida favorita en su cumpleaños o rezar con ellos porque algo no iba bien en sus vidas. Yo estaba tan preocupada por las cosas que no funcionaban en mi vida que no veía las que si funcionaban, y mi madre ha sido una de las bendiciones más grandes de mi vida.
Mi madre siempre ha sido el aire que levanta mis alas